Capitulo uno.- Vaya día.
Y aquí estoy de nuevo, sentado en mi sala con un bistec en el ojo, los lentes rotos y un orgullo destrozado. Si no fuera por ese estúpido momento de heroísmo que tuve, nada hubiera pasado.
Se trataba de otro “grandioso” día de escuela, como siempre, llegue al pupitre y coloque ese bulto al que llamo mochila sobre el asiento. Me quite los audífonos para guardarlos y reorganice mi mente en busca de tareas olvidadas para hacerlas en esos diez minutos libres que quedaban.
Siendo las 6:50 de la mañana, el viento ya soplaba fríamente, y al darme cuenta que ese día no nos había encargado tareas, salí al patio mientras llegaba la maestra de valores.
Me senté en la banqueta frente al salón y observe como iban pasando. Las mismas caras de siempre, flojas y con ganas de querer estar en su cama como cada sábado. Sin embargo no faltaba la cara de orgullo y felicidad de ir a la escuela, quizás sus vidas no eran tan patéticas y por eso les gustaba ir; Como los odio.
En ese momento paso ella, fue como si todo se iluminara y se llenara de color y sonidos maravillosos, esa chica del salón del “a”. Es así como hermosa, tiene unos ojos y cabellos castaños claros que se iluminan con reflejos en el sol, una piel blanca con pecas cafés muy tiernas, le dan forma de una niña pequeña; figura mediana y dientes a perlados y perfectos.
Su cabello largo, lacio y sedoso se mueve con el ritmo del viento, es una imagen preciosa, por ella daría mi alma. Pero lamentablemente ella no tiene idea de que existo, o no la tenía, hasta esa tarde, pero no quiero adelantarme a los hechos.
Salí de mi lapsus cuando escuche el horroroso timbre de entrada, como siempre, los del salón ya estaban adentro. Como si fueran tan estudiosos.
Me senté junto a mi mejor amiga, Mariel, tiene un no sé qué sombrío que me cae bien. Sus ojos negros se medio ocultan entre el fleco de igual color, se iluminan en leves ráfagas que me aterran, es como maliciosa. Y esa sonrisa… brrrr… Me alegra que este de mi lado, sino, pensaría que me haría vudú, que por cierto lo hizo una vez con un compañero que le caía mal. Creo que no le paso nada, aunque ya no tiene brillo en los ojos cuando le hablas.
-Que hay
-Que hay tu.
-A qué horas llegaste
-Cuando se te caía la baba por Leila.
-Ho bueno. ¿Celos?
-No juegues.
-Ho bueno. ¿Que estamos haciendo?
-Nada, pasa lista, por cierto, te acaba de saltar.
-¿He?
-Ve, anda, y deja de repetir o bueno, es fastidiante.
-Que hay tu.
-A qué horas llegaste
-Cuando se te caía la baba por Leila.
-Ho bueno. ¿Celos?
-No juegues.
-Ho bueno. ¿Que estamos haciendo?
-Nada, pasa lista, por cierto, te acaba de saltar.
-¿He?
-Ve, anda, y deja de repetir o bueno, es fastidiante.
Si, así eran de profundas nuestras platicas. Aunque cuando realmente parecían profundas solían ser geniales. Ese no es el punto de la historia, pasemos a lo siguiente.
Paso tranquilamente la mañana, hasta la hora de receso. Salí a comprar algo que comer, nunca desayuno por las mañanas, y me da demasiada hambre. Soy un tragón, pero no me importa, no soy de esos tipos metrosexuales que le miden las calorías hasta al agua, más bien, me importa poco o nada.
Mariel no opina lo mismo, dice que…
-Te puede dar sobrepeso, enfermar y morir.
-Si sigues así, Leila jamás te hará caso.
-Mira, te lo digo por tu bien, deja de tragar como cerdo, o por lo menos has mas ejercicio, ¡por tu salud hombre!
-Si sigues así, Leila jamás te hará caso.
-Mira, te lo digo por tu bien, deja de tragar como cerdo, o por lo menos has mas ejercicio, ¡por tu salud hombre!
Y un largo etcétera. Me trata como a su hijo, o su hermano pequeño, nunca le hago caso, pero me tomo sus conejos enserio cuando realmente los necesito.
En esta ocasión no me dijo nada, respondió con un desinteresado –Ña –Y se fue al baño. Aparentemente no andaba de humor.
Cuando salí de comprar, me di cuenta de que algo andaba mal, un grupo de chicos tenia rodeado a dos.
-Déjame en paz maldito, no quiero salir contigo, y no lo hare, cerdo.
-Vamos dulzura, no puedes resistirte a los encantos de este macho “To´MaliKo”.
-Aléjate de mí.
-¿O qué? ¿Llamaras a Kenosha a que te defienda? Son caricaturas preciosa, yo soy real.
-Vamos dulzura, no puedes resistirte a los encantos de este macho “To´MaliKo”.
-Aléjate de mí.
-¿O qué? ¿Llamaras a Kenosha a que te defienda? Son caricaturas preciosa, yo soy real.
Aparentemente un tipo estaba obligando a alguien a salir con él, y los de alrededor eran sus amigos. Me acerque más para ver quiénes eran.
-¿¡Leila!?
La cara de ella no podía ser más acertada a lo que pasaba, sus muecas de asco cuando el tipo se le acercaba a la cara eran cómicas, pero terribles. No me pude contener, me acerque para darle un buen golpe a ese tipo.
Sin embargo, no supe medir mi estatura de uno setenta contra sus dos metros de altura.
Así, me corrieron por tres días de la preparatoria. Y sin embargo fui yo el que quedo tirado en medio de la plaza. Mientras el otro tipo se iba con sus amigos y una chica de esas “Quiero ser rubia a huevo” de medidas noventa sesenta cien. Mientras que Leila me veía tirado en el suelo y decía.
-Gracias chico, no debiste hacerlo, pero gracias. Aunque no sirvió de mucho, nos veremos luego.
Y se fue, así como si nada. Perra desagradecida, debí haber dejado que te violara ese pendejo. En eso llego Mariel, con un enorme bistec en la mano, me lo puso “delicadamente” sobre el ojo y me dijo.
-Joseph, te busca el director, quiere hablar contigo.
-Genial, ¿crees que me corran?
-Probablemente, ¡pero vamos! Eres mi nuevo héroe. ¿Te acompaño a tu casa?
-Nah, no tengo ánimos.
-Genial, ¿crees que me corran?
-Probablemente, ¡pero vamos! Eres mi nuevo héroe. ¿Te acompaño a tu casa?
-Nah, no tengo ánimos.
Y ahora aquí estoy, en mi sala, recibiendo una enorme explicación de “ojo por ojo deja el mundo más ciego” Y “La violencia genera más violencia”. Afortunadamente mis padres creen que soy lo suficientemente maduro para ver mis errores por mí mismo y aprender de ellos. Pero aparentemente no.
-Bien, estas castigado por el fin de semana, ¿algo que agregar?
-No padre, así estoy bien.
-Me alegro, o por cierto, tienes visita.
-No padre, así estoy bien.
-Me alegro, o por cierto, tienes visita.
¿Quién carajos viene ahora? No estoy para nadie. Y si es Leila menos, a quien engaño, ella no sabe ni donde vivo.
-Que hay tú.
-Hola tu, que rayos haces en mi casa.
-Huy, tranquilo ogro voraz, traigo estos.
-¿Frappes?
-Son de avellana… si no lo quieres me tomare los dos…
-No eres capaz…
-Si lo soy ojo morado, tómalo o déjalo.
-¡Trae acá!
-Hola tu, que rayos haces en mi casa.
-Huy, tranquilo ogro voraz, traigo estos.
-¿Frappes?
-Son de avellana… si no lo quieres me tomare los dos…
-No eres capaz…
-Si lo soy ojo morado, tómalo o déjalo.
-¡Trae acá!
Y así, Mariel me alegro el día, y me trajo las tareas. Al menos tendré un fin de semana muy largo… aburrido, a menos que ella venga con uno de sus famosos muñecos vudú de Leila, quizás entonces nos divirtamos un rato.
